1997

Qué extraño resulta volver a recordar el año 1997 en el que empezó todo esto. Por entonces nos maravillábamos bajando las primeras canciones por aquel Internet de módem con ruiditos y línea telefónica ocupada. Bajar una sola canción podía alargarse durante más de una hora y acababa costando más en teléfono y conexión (que sí, se pagaban aparte) de lo que realmente podía costar esa canción comprando el disco. Mientras tanto, muchos se preguntaban si eso de Internet merecía la pena o era sólo otro capricho caro para frikis, ya que aparte del correo electrónico y algunas páginas y foros, poco más podía encontrarse allí que interesara al público en general. La mayoría se conformaba con conseguir que su ordenador no se colgara constantemente, cosa que era muy habitual en aquellos tiempos del Windows 95.

Siempre me he preguntado qué pensaría la gente de 1997, qué pensarías tú, de poder ver el Internet de ahora, omnipresente, superveloz, imprescindible, obligatorio. Supongo que junto con los teléfonos móviles, de los que ya hablaremos en otra ocasión, Internet es la cosa que más ha cambiado la forma de ver el mundo en los últimos treinta años.

Pero en 1997, como digo, todavía era casi una rareza. Ahora algunos nos entretenemos en fantasear sobre cómo sería nuestra vida si renunciáramos a esta conectividad casi impuesta, pero lo hacemos un poco como el urbanita que fantasea con volver a la vida en el campo, o como el hombre moderno que fantasea con volver a la prehistoria.

En 1997, Rusia se retiraba de Chechenia tras una sangrienta guerra que había conmocionado a Occidente por su salvajismo. Dos años después Rusia volvería a la carga, apoderándose de facto del pequeño país del Cáucaso. Si te digo la verdad, en ese aspecto poco hemos cambiado: Rusia lleva desde entonces intentando recuperar su perdido imperio soviético, de la mano del mismo tipo que entonces: Vladimir Putin. El mundo venía de concluir algunas de sus guerras famosas de los últimos años, como la del Golfo, Bosnia, la misma Chechenia, y estaba a la espera de empezar otras que vendrían poco más adelante.

En España, ETA seguía a lo suyo, secuestrando y matando gente, pero algunos de esos crímenes le iban a salir más caros de lo que esperaban, porque cuando en el verano del 97 mataron a Miguel Ángel Blanco, la explosión de indignación popular superó cualquier previsión. Aun así, faltaban entonces muchos años para que se terminara con ETA, e incluso hoy, todavía estamos esperando a que algunos dejen de utilizar el argumento de la extinta ETA para apuntalar su ideología.

También fue el año que murieron Lady Di, Teresa de Calcuta, Narciso Yepes, el dictador Mobutu… en fin, entre muchos otros. A cambio, y según las listas de Internet, nacieron un montón de influencers, raperos, streamers y tiktokers. Y el primero de tus sobrinos.

Aquel 1997, J. K. Rowling (lo que vendría después te sorprenderá, o puede que no) publicaba su primer libro de Harry Potter, con el que una generación de niños se aficionaría a la lectura. Se estrenaron las películas Titanic, Gattaca, Airbag, Full Monty y El quinto elemento, entre muchas otras. Y como a finales de ese año se estrenó La vida es bella. Si lo tomamos en conjunto, yo diría que fue un buen año para el cine.

Por entonces, como sabes, vivíamos en la calle de Alcalá, y nuestra casa era parada y fonda para todos los amigos que subían desde Sevilla a coger aviones en Madrid. Sería por aquella época cuando deportaron a Alfonso de los EEUU por trabajar de inmigrante ilegal (aquí pegaría un emoticono sonriente porque sé que, de leer esto, él también se sonreiría). Se fue una mañana muy contento para Nueva York, y volvió al día siguiente todo amargado y demacrado, aunque al final la jugada le salió bien, porque se acabó casando con su novia de siempre, y allí sigue, con dos hijos que ya son dos adultos más americanos los dos que el águila imperial. Por cierto, que Alfonso se casó en una bonita y antigua iglesia inglesa con el mismo traje tan elegante que tú llevabas en nuestra boda.

También fue por entonces cuando, alertado por una llamada muy sospechosa de uno de mis compañeros de trabajo de entonces, recorrí Madrid de punta a punta en el coche para encontrarme con que había intentado suicidarse con pastillas. Si no me hubiera dado por ir y montar un pollo en Villaverde Bajo con la policía y los bomberos del que los vecinos todavía se deben estar acordando, estoy bastante seguro de que no habría sobrevivido, y por lo último que sé de él, aún vive, así que mira. Fueron justo los días después de haberte perdido, y la verdad es que vivíamos bastante traumatizados. Necesitaba un descanso para la mente, pero por lo visto la vida nos tenía reservada otra cosa.

Poco antes del final de ese año tuvimos la gran nevada del puente de la Constitución, que como buenos madrileños de adopción nos pilló en la carretera. Por suerte pasamos justo a tiempo, porque de lo contrario hubiéramos dormido en el penal de Ocaña, como le pasó a otra mucha gente, con nuestro bebé de dos meses. Aquel día le cogí a nuestro humilde Opel Kadett más cariño del que ya le tenía, porque se portó como un jabato sobre la nieve. Con todos sus achaques, aquel Opel Kadett nos acompañaría durante nuestros años en Madrid y nos llevaría de vuelta a Sevilla.

Cuando acabó 1997 estábamos deseando que terminara ese año que empezó con muchas promesas, que nos trajo a nuestro niño, pero que terminó de una forma aciaga para nosotros.