Las cosas que se hacen por primera vez

Hacerse mayor es un hecho que suele darse rodeado de experiencias no demasiado agradables. Uno puede asistir con mayor o menor resignación al declive físico, a la inevitable pérdida de la belleza de la juventud (quien la tuviera, claro; nunca he sido un Adonis, precisamente), a los achaques y dolores que poco a poco nos van minando la salud y la moral…

Pero seguramente lo que peor llevo es la pérdida de la fascinación por las cosas que se hacen por primera vez. Esa fascinación de cuando viste por primera vez esa película, la que más te gusta del mundo, de cuando probaste ese bocado exquisito, ese sabor nuevo, de cuando experimentaste el amor del padre que ve por primera vez a su hijo recién nacido, de cuando leíste esa novela que puedes casi recitar de memoria.

Mucha gente podría pensar al leer esto en la fascinación por la primera vez haciendo el amor, aunque todos los estudios aseguran que la primera experiencia casi nunca es la más memorable, aunque sí pueda ser la más entrañable. Bueno, cada cual con sus vivencias en este tema.

Con frecuencia he fantaseado con la posibilidad absurda de que puedan borrarle a uno el recuerdo de aquello que tanto le gustó para poder experimentarlo de nuevo por primera vez. Parecerá, y seguramente lo sea, una tontería, pero ¿qué no pagaría por volver a tropezar casi sin darme cuenta con aquella escultura de Bernini que hizo que se me saltaran las lágrimas espontáneamente? ¿Qué, por poder leer de nuevo «por primera vez» La Regenta, El Conde de Montecristo o Tuareg? Todo esto, claro, nos conduciría a un futuro distópico en el que la gente gastaría su patrimonio para poder revivir una y otra vez sus primeras experiencias, seguramente sin la seguridad de que éstas fueran tan satisfactorias y definitorias como las originales. No, mejor dejar los inventos aparte, o que estas cosas se inventen cuando ya estemos cómodamente muertos, y que otra generación se haga cargo de ese problema, que nosotros ya tenemos los nuestros, y no son pocos.

Se dice que somos la suma de nuestras experiencias vitales, así que tampoco hay que convertir esto en una renuncia de las mismas en favor de una nostalgia mal entendida, pero sí es verdad, al menos para mí, que a medida que cumplo años es más difícil que algo me cause esa fascinación, esa sorpresa por lo inesperado, el subidón de saber que estás viviendo algo nuevo que te va a marcar. Todavía no estoy allí, pero vislumbro tal vez el hartazgo del anciano que ya está de vuelta de todo, que considera que ya ha visto lo que tenía que ver, y al que el mundo empieza a dejar de parecerle interesante y empieza a verlo irritante e impertinente.

Y a ti, ¿cuáles son las cosas que te gustaría volver a hacer por primera vez?

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