Hay series de televisión que enganchan desde el primer episodio, y una de ellas es «El ala oeste de la Casa Blanca». No es solo la calidad de la serie, sino el discurrir de una trama en un lugar tan emblemático como la Casa Blanca, donde se deciden en buena medida los destinos del mundo. Es una serie que además te deja con el convencimiento de que en la realidad las cosas no se hacen tan bien, ni por supuesto con tanta buena intención, sobre todo en los tiempos que corren. Tal como están las cosas hoy en día El ala oeste parece ciencia-ficción.
Y sinceramente, prefiero este tipo de ciencia-ficción a algunas de las últimas series del género que he visto, porque entre el hartazgo de la franquicia Star Wars y la aberración cometida con Fundación de Asimov ya no sabe uno si arriesgarse a ver una serie nueva o refugiarse en las buenas y conocidas series antiguas, como Star Trek, Galáctica (la de 2003, claro, no esa ridiculez con el niño y el perrito robot de los setenta) o, rara avis, The Expanse, una de las tres mejores series de ciencia-ficción de la historia.
Pero cuando la ciencia-ficción no es suficiente para evadirse, siempre puede uno recurrir a las buenas series de comedia clásicas, como Friends, Los Informáticos o incluso MASH, por dar una muestra de las que me merecen mejor valoración. Con estas series se puede pasar un buen rato sin tener que pensar demasiado. Sí, muchas veces me pongo a ver algo simplemente para no estar pensando, ¿qué pasa? Y también tengo la costumbre de ver algunas series varias veces. Algunas incluso muchas veces, como me pasa con «Yo, Claudio», con Firefly (qué buena serie, si oviesse buen productor, que diría el cronista) o con «Hermanos de sangre», que es lo mejorcito que se ha hecho en el género bélico para la televisión.
En los últimos tiempos ha habido varias series que me han impactado por diversos motivos. Sin un orden cronológico ni de importancia enumeraré algunas de ellas, como por ejemplo «La vida breve», sobre el efímero reinado de Luis I de España; «Sin límites», sobre el azaroso viaje de Magallanes-Elcano, o «1883», un estremecedor viaje por las praderas del salvaje Oeste.
Y este es el panorama televisivo de alguien que aunque seguramente consume más televisión de la que debería, por lo menos pretende consumir una televisión de cierta calidad.